Vayamos lejos. "Esperad, que luego valdrá la pena". Seguro, no lo negamos. Pero esto cada vez se hace más cuesta arriba. Ahora no te soporto, hasta que recibo un mensajes y se me pasa todo. Hasta que me dices que me echas de menos. Hasta que dices que me escribirás. Hasta que dices que necesitas mimos. No negaré que estas cositas me hacen feliz y nadie como tú lo sabe. Tampoco negaré que a veces me siento ridícula esperando estas pequeñas cosas. Que hasta que no leo estas cosas tengo dudas. Que aún así, las sigo teniendo. Que nunca sabré qué somos. Que siempre pienso que tú no lo tienes claro. Jamás voy a creer que soy la prioridad y lo suficientemente buena. Asumido está, siempre ha sido así. Dirán que tengo todas las de ganar y millones de pruebas que deberían apartar toda esa inseguridad, pero jamás se irá. Probablemente todos los que dicen estas cosas no saben lo que es estar pendiente de una pantalla 24/7 porque tú estás detrás de ella. Porque cuando todo el mundo tiene planes yo sólo quiero poder ir a dar una vuelta contigo. Y no puedo. No saben qué es esperar una fecha en concreto con tantas ganas, porque sabes que cuando llegue ese día serás del todo feliz. No saben qué son las ganas de dejarlo todo y coger un avión sólo para ver a alguien. Mirando fechas, cuadrando precios, horarios. Y que no es tan fácil. Que sí, que yo sola me meto en estos líos. Que no es la primera vez y que la experiencia debería haberme enseñado que no se me da bien llevar esta situaciones. A veces solamente quiero que me digas que no puedes más, que es demasiado difícil y demasiados meses de espera. O realmente quiero que me digas que te han superado las ganas de estar juntos, que has cogido un avión y te has plantado en Barcelona. Reacciones extremas, para sentir algo. Para sentir que lo apostamos todo o lo dejamos estar.
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