domingo, 28 de septiembre de 2014

El séptimo día


Domingos. Conocidos mundialmente como el día de no hacer nada, de vaguear, de planes relajados y sobretodo, de quedarse en casa. Propongo cambiar esta mentalidad: propongo hacer de los domingos el día de hacer todo, de activarse, de ponerse las pilas. Concibo un poco el domingo como la preparación para la semana que se viene encima. Lo que hagas hoy va a repercutir en lo que tengas que hacer mañana, y si no es a tan corto plazo, a largo plazo seguro que cambia algo. No estoy hablando de trabajar en el ámbito académico, por favor, que “los domingos son para hacer los deberes” está un poco anticuado.
Hablo de levantarse y hacer algo diferente. De proponerle a tu madre un paseo, de llevarte a tu padre al cine, de invitar a tus hermanos a un café, de hacer esa visita que tanto tiempo llevas queriendo hacer o de dedicarte tiempo a ti mismo porque si, porque lo necesitas y nunca va mal pasar tiempo con uno mismo.
Si moverse realmente da palo y hace un tiempo que deja mucho que desear, empieza o acaba ese libro que tienes en la estantería lleno de polvo desde hace siglos, mira esa película que siempre dices “ay si, tengo que verla”, escríbele una carta a alguien que tengas lejos, llama a alguien con el que hace tiempo que no hablas.
Sorprénde a los demás pero sobretodo, sorpréndete a ti mismo de lo que puedes llegar hacer en un día que, en un principio, era para quedarse tirado en la cama o en el sofá.

¡Feliz domingo!

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